El Puerto

Las sirenas de los barcos llegan hacia el parque Lezama, hacia las calles de Barracas o las del centro, con un llamado de poderosa sugestión. Alejandra tiene la costumbre de vagar por el puerto y fantasea con escapar de la “ciudad inmunda” rumbo a tierras lejanas, quizá sin su devoto amante. A veces Martín y Alejandra juegan juntos a encontrar el barco de nombre más hermoso entre los que entran y salen.

La Dársena Sur (la zona más antigua, 1889) es un área de observación preferida por ambos, pero no la única. Hoy se encuentran allí el Buque Museo ARA Fragata Presidente Sarmiento y el Puente de la Mujer. Cerca de la Torre de los Ingleses, Martín mira hacia el Puerto Nuevo (la zona más reciente, 1905) con sus elevadores y grúas que semejan grandes pájaros antediluvianos. Allí se localiza la Super Usina de Puerto Nuevo (1933).

 

Buenos Aires es, por antonomasia, “la ciudad del puerto”, sus habitantes son llamados “porteños”. La lucha por la posesión del puerto y sus beneficios económicos recorre la Historia argentina y explica en parte las feroces guerras entre “federales” y “unitarios”.

Solo hacia fines del siglo XIX su infraestructura empieza realmente a modernizarse, permitiendo la entrada directa de buques de gran calado. Gracias a la concreción y desarrollo de los proyectos de Eduardo Madero y del Ingeniero Luis Huergo, el puerto de Buenos Aires (imprescindible para el modelo exportador agro ganadero) se convierte en el más importante de América Latina al concluir el primer cuarto del siglo XX.

En Sobre héroes y tumbas su imagen se liga poéticamente al deseo de lo desconocido y a la nostalgia de lo que se abandonó, propia de una ciudad poblada por innumerables descendientes del desarraigo y el exilio.